En tiempos de guerra, cualquier agujero es trinchera: El Covid y la era de las secuelas.

Juan Zubiaga Delclaux

Desde la llegada del COVID, la originalidad en el cine se ha visto claramente reducida, como se aprecia en la escasez de nuevas ideas, y el aumento de continuaciones de sagas, reboots y adaptaciones.


El refrán español se aplica a la perfección a la producción cinematográfica desde la aparición del Coronavirus. Y es que desde 2020, la pandemia ha alterado de forma incalculable todos y cada uno de los ámbitos de la vida diaria, desde la economía hasta la política, pasando por la salud, la educación, la tecnología y, por supuesto, la cultura y el entretenimiento. En el caso del cine, la principal consecuencia es la era de adaptaciones y secuelas que estamos viviendo.

Durante el confinamiento, que recordemos duró varios meses, las salas de cine permanecieron cerradas, y los platós y estudios de cine se convirtieron en desiertos propios de un western de los 70. En cifras, las recaudaciones en taquillas de todo el mundo se redujeron en 2020 un 81% respecto del año anterior (de más de once mil millones a apenas dos mil), y 2021 apenas dobló las cifras de su predecesor. Se aplazaron decenas de producciones, otras se cancelaron y otras retrasaron voluntariamente su estreno en salas para poder conseguir un mejor recibimiento en taquilla. Cabe mencionar el caso del largometraje de los gigantes de la industria Sony y Marvel, Morbius, que hasta la fecha ha sufrido siete aplazamientos. Estaba preparado inicialmente para estrenarse en julio de 2020 y año y medio después, en febrero de 2022, resulta que aún quedan dos meses para poder verlo en la gran pantalla.

A las consecuencias de la pandemia se añade el destronamiento de las salas de cine como el medio preferido por la audiencia para disfrutar de las películas frente a las plataformas de streaming. Desde su aparición a principios de la década de 2010, Netflix y compañía habían ido ganando terreno poco a poco y la brusca llegada del Coronavirus desequilibró brutalmente la balanza en su favor. Encerrados en casa sin poder salir, el tiempo pasaba muy despacio, las actividades disponibles para distraerse eran limitadas y los servicios de streaming florecieron como héroes salvadores del entretenimiento. Y desde que las calles volvieron a llenarse, el regreso a las salas ha destacado por su lentitud, debida principalmente a tres factores: el miedo de la gente a entrar en espacios cerrados y públicos; las estrictas restricciones impuestas para evitar la dispersión del virus, y especialmente la comodidad y el amplio catalogo de producciones que ofrecen estas plataformas. . Esta revolución digital se manifestó claramente en abril de 2020, cuando la Academia de Hollywood modificó su reglamento para permitir que películas que únicamente se hayan estrenado vía streaming puedan ser elegibles para premios. Una medida que aunque en un principio era extraordinaria y solo para la edición de 2021, también se permitirá en la de este año y probablemente termine siendo perpetua.

Con todo esto, la industria se encuentra en un escenario nunca antes visto donde los resultados económicos de cada producción tienen un impacto mucho mayor en el futuro no solo de la compañía, sino también de las distribuidoras y las propias salas. 

Así, a la hora de invertir en una idea para un largometraje, las productoras se enfrentan a una compleja decisión: arriesgarse con una trama original e innovadora que puede tener recaudaciones sorprendentes, tanto para bien como para mal, o buscar una posición más conservadora y apostar por “lo seguro”, que en el idioma cinematográfico se traduce en reciclar ideas que años atrás ya habían conseguido buenos resultados en taquilla. Se plantean así dos posibles vías para resucitar en pantalla una obra ya contada. La primera es alargarla –mediante precuelas, secuelas o spin-offs– y esperar que la audiencia reciba con buenos ojos este nuevo capítulo de una historia que consideraban completa. Como bien alude el refrán, esta situación de necesidad justifica extender las historias tanto como sea necesario –llegando por ejemplo a la novena entrega de una saga como Fast and Furious– o a combinar tramas o protagonistas de distintas películas para crear una nueva –como es el caso de Godzilla vs. Kong y Spider-Man: No Way Home–.  La segunda vía es rehacer o renovar la película, presentando una historia similar a la original, pero con algunas diferencias, ya sea respecto de la perspectiva, el guion o echando mano de los avances tecnológicos y visuales –como es el caso de Mulan, West Side Story o la malograda adaptación del musical Cats–. 

Así, la lista de historias que han vuelto a las salas de cine en forma de precuelas, secuelas o remakes es tan variopinta como extensa: Cazafantasmas, Matrix, Dune, Scream, King's Man, Mortal Kombat, Fast and Furious, Space Jam, Halloween, Bad Boys, Expediente Warren, West Side Story… En esta situación de necesidad, las productoras han depositado fe en la fuerza de la nostalgia, rezando por que atraiga a suficiente audiencia que les permita por lo menos recuperar la inversión realizada. Prefieren arriesgarse a resultar cansinos o poco originales extendiendo excesivamente una historia, antes que innovar con una nueva ficción que puede no gustar y comprometer el devenir economico y el prestigio de la productora. Si la apuesta por la melancolía funciona, el estudio se plantea entonces la posibilidad de seguir explotando esa historia con otra producción, o en caso contrario, cerrar ese cajón para pasar a resucitar otra de las muchas historias ya contadas en la gran pantalla. 

Por ultimo, cabe entender que la razón por la que este aluvión de adaptaciones no cesa es simple: la nostalgia siempre gana, como se evidencia en el hecho de que de las diez películas más taquilleras de 2021, solo dos son ideas originales. A este dato se añaden los evidentes batacazos que han sufrido ideas originales como Ultima noche en el Soho, La Crónica Francesa y especialmente Madres Paralelas y El Ultimo Duelo, dos largometrajes con un buen elenco y directores de prestigio que sorprendentemente han sido noticia por sus desastrosos resultados en taquilla. 

En resumen, el Coronavirus no ha afectado a la creatividad de los cineastas, sino que los ha puesto en una situación complicada, donde cada apuesta por una producción tiene una relevancia nunca antes vista, y donde la originalidad y las nuevas ideas han dado un paso atrás para ayudar a la industria a resurgir, para poder competir de tú a tú contra las tecnologías de streaming en auge. 




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