30 Monedas


La dura realidad es que a día de hoy la competencia entre las producciones españolas y las estadounidenses es una lucha entre David y Goliath sin final feliz. No hay color. No se trata del abismo presupuestario que las separa, que también, sino de la abrumadora superioridad que se ve en absolutamente todos los aspectos: actuaciones, dirección, guión… Es evidente que unos buenos efectos especiales requieren dinero, pero el problema del cine español pasa por su incapacidad de escapar a los convencionalismos y la falta de valentía para apostar por ideas atrevidas, creativas, no la misma historia una y otra vez con pequeñas variaciones, porque quién niegue que La Casa de Papel no es Élite con monos rojos y robando en la Casa de la Moneda, se engaña a sí mismo. Pero de vez en cuando lo intento, por probar que no quede, y no solo con el episodio piloto, porque cualquier serie que comience con Carmen Machi lanzando bancos de una iglesia con la mente merece como mínimo mi atención. Alex de la Iglesia quiso escribir una historia de terror y misterio y terminó por crear una comedia involuntaria. 

Siendo justos, he de decir que el principio realmente engancha, la intriga es suficiente como para tener ganas de obtener respuestas a un enigma que vestido de terror bíblico se convierte en chicle para la mente. El problema es que al abrir el envoltorio no hay regalo. No hay nada detrás que se aleje de los mismos dramas genéricos, los triángulos amorosos y los diálogos de siempre, que más que expositivos parecen los ruedines de una bicicleta. De los primeros episodios primordialmente auto-conclusivos, la trama general gana peso a la par que la historia pierde interés. 30 Monedas sacrifica la coherencia en pos del efectismo barato, lo que le permite tener salidas sorprendentes al precio de no guardar ni un mínimo de lógica. Como no hay reglas sobre lo que se puede hacer o no, nada de lo que ocurre en pantalla importa, en ningún momento da la sensación de que exista un peligro real. 

Dicho esto, si la intención es desconectar, sin duda la recomiendo, que no confundan mis comentarios negativos, esta serie es altamente disfrutable, una avalancha de sinsentidos que culmina con uno de los finales más ridículos que recuerdo, mucho más orientado a dar pie a una segunda temporada que a concluir nada. Pero que no quepa duda, allí estaré yo para verla. 

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