Siendo justos, he de decir que el principio realmente engancha, la intriga es suficiente como para tener ganas de obtener respuestas a un enigma que vestido de terror bíblico se convierte en chicle para la mente. El problema es que al abrir el envoltorio no hay regalo. No hay nada detrás que se aleje de los mismos dramas genéricos, los triángulos amorosos y los diálogos de siempre, que más que expositivos parecen los ruedines de una bicicleta. De los primeros episodios primordialmente auto-conclusivos, la trama general gana peso a la par que la historia pierde interés. 30 Monedas sacrifica la coherencia en pos del efectismo barato, lo que le permite tener salidas sorprendentes al precio de no guardar ni un mínimo de lógica. Como no hay reglas sobre lo que se puede hacer o no, nada de lo que ocurre en pantalla importa, en ningún momento da la sensación de que exista un peligro real.
Dicho esto, si la intención es desconectar, sin duda la recomiendo, que no confundan mis comentarios negativos, esta serie es altamente disfrutable, una avalancha de sinsentidos que culmina con uno de los finales más ridículos que recuerdo, mucho más orientado a dar pie a una segunda temporada que a concluir nada. Pero que no quepa duda, allí estaré yo para verla.

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