
Pero la verdadera grandeza de Hill House reside en su dirección y montaje. Al tratarse de una historia contada en tres líneas temporales, es importante que la sucesión de escenas no genere confusión. La mayoría de directores optan sólo por la corrección del color, resaltando los colores para que ciertas escenas sean más llamativas que otras. Ésta técnica es usada para separar el flashback de la infancia de los personajes principales (más colorido) de un presente más grisáceo que concuerda con el estado actual de los personajes. Pero aparte de esto, Mike Flanagan logra transmitir fluidez por medio de unas transiciones que dan continuidad a la par que avanzan la trama o detallan la personalidad de los protagonistas. Pondré un ejemplo. De pequeña, Nellie, la hija menor de la familia, intenta abrir la puerta de una habitación sin éxito, la llave que le ha dado su padre no funciona. Baja las escaleras corriendo y canturreando “Dad, I need another key, it 's an emergency”. Tras esto, la transición muestra la resignación de los hermanos ante la supuesta emergencia actual de Nellie. La frase inocente de una niña a la que en ese momento solo le importa abrir la puerta para jugar sirve de hilo conductor para establecer el conflicto entre los hermanos de la familia años después, no le hacen caso porque todo siempre es una emergencia.
La dirección de secuencias de terror también es interesante. En este género suele abusarse del conocido “jump scare”, una técnica en la que se desciende el volumen de la escena hasta que hay completo silencio y después se realiza un giro de cámara rápido acompañado de un estruendo sonoro para provocar un susto. El problema de esta técnica, es que aunque logre sobresaltar al espectador elimina toda la tensión del momento. La audiencia sabe que después del susto ya no hay peligro, y se produce un alivio generalizado que destruye la atención. “The Haunting of Hill House” tiene bastantes “jump scares”, sí, pero no es el único recurso que se utiliza. El suspense de la escena suele ser gradual y justificado, usando planos vistos mil veces en otras películas pero otros no tan comunes como planos fijos enfocados en un lugar donde no ocurre nada mientras que en el fondo hay movimiento o planos secuencia que recuerdan a El Resplandor. Los planos secuencia son una buena opción para este género porque el espectador siempre espera a que se produzca un corte, y el excesivo alargamiento del mismo crea incomodidad.
De hecho, el mejor episodio de la serie (Dos tormentas), consta de cinco planos secuencia de 17 minutos aproximadamente. Este capítulo es el ecuador de la temporada, hasta este momento, se han establecido los diferentes traumas que tienen los protagonistas y su vinculación con los horrores que vivieron en Hill House. Para marcar que la dinámica de la serie es diferente a partir de ese punto, Flanagan elige este estilo de dirección en concreto, aprovechando que tan solo habrá dos localizaciones. Si no veis la serie os recomiendo que al menos veáis este episodio.
Aunque no todo es la dirección. Hill House no es una historia original, pero la profundidad de sus personajes permite la construcción de relaciones tan diferenciadas entre familiares que dan la oportunidad de crear mini tramas que convergen en el esquema mayor de toda la serie. Se recurre mucho a monólogos líricos, algo que en otras ocasiones chirría pero lo cierto es que los actores son capaces de dotarlo de significado e interés. A medida que avanza la serie, el terror se sobrepone al drama y a pesar de que ello no es un detrimento, la calidad desciende hasta que en los últimos episodios el final alcanza un clímax que a mi juicio se queda corto. Esto se debe a que el foco de la narrativa pasa a la madre, con motivaciones menos fuertes que los demás pero que sirve de instrumento para transmitir el verdadero significado de los horrores vividos en Hill House.
La alegoría del miedo — (AVISO SPOILERS)
¿Qué es el miedo? El propio Steve responde a la pregunta que pasa por su mente al momento de volver a la casa de su infancia. El miedo es la renuncia de la lógica, sólo cabe la opción de enfrentarse a él o huir, pero no hay término medio.
El terror que persigue a los hermanos no es aleatorio, nace de las traumáticas experiencias que vivieron todos y cada uno de ellos años atrás y vive de la coraza que cada uno de ellos han elegido.
Steve es el hermano mayor que cree tener el deber de mostrar fortaleza y seguridad en sí mismo. Respeta e idolatra a su padre, por eso imita el rol de figura paterna. En la última noche, cuando su padre lo lleva de la habitación al coche para huir, ve a su madre tambaleándose y persiguiéndoles como si fuera un monstruo. El refugio de Steve es el escepticismo, a pesar de lo que vio lo niega, y además decide culpar a su padre porque en el fondo le guarda rencor por no ser capaz de solucionar lo que fuera que ocurrió en Hill House. Incluso se jacta de ello, escribe novelas de terror, incluida la de su propia casa, convirtiéndolo en ficción y reforzando así su escepticismo.
Shirley encontró una manada de gatitos
huérfanos a los que decide cuidar. Cómo mueren, Shirley no es capaz de procesar
la muerte de una forma debida. Esto se acentúa con el fallecimiento de su madre
y su posterior reencuentro en el ataúd abierto del funeral. Al verla maquillada
y vestida susurra “la habéis arreglado”. Shirley halla consuelo en la falsedad
de las apariencias porque no es capaz de enfrentarse a la muerte e incluso lo
convierte en su trabajo preparando funerales. El refugio de Shirley es el
pragmatismo, tiene un ideal de vida perfecta en su mente y simplemente ignora
todo lo que se aleja de ello. No es capaz de percibir lo macabro que resulta su
oficio y oculta la infidelidad a su marido porque niega todo lo que se aleja
del ideal que ha construido en su cabeza.
Theo tiene una sensibilidad especial. Percibe cosas con tan solo tocarlas, una especie de empatía extrema que también funciona con objetos y lugares. Esto le ocasionaba mucho dolor porque podía experimentar emociones muy fuertes con tan solo tocar algo. De modo que su madre le regaló unos guantes para neutralizar esa habilidad especial. El refugio de Theo es la frialdad, una respuesta diametralmente opuesta a la amplitud de emociones que puede llegar a sentir. Se esconde de ellas porque le aterra el dolor que pueden llegar a producirle.
Luke es el hijo menor junto a Nellie, un niño imaginativo y solitario, al que le gusta pasar las tardes en su casa del árbol dibujando o con su supuesta amiga imaginaria (más tarde se descubre que no era imaginaria). Como es un niño, nadie le cree cuando habla de los fantasmas que ve y eso le hace sentir solo. El refugio de Luke son las drogas, se vuelve un adicto para alejar los fantasmas de su pasado, pero el verdadero problema es que incluso de adulto nadie tiene fe en él, excepto su hermana gemela.
Nellie es la más pequeña junto a Luke, la inocente, la dulce. Su fantasma particular le visitaba por la noche en la forma de una mujer con el cuello torcido. Sumado a ello, Nellie sufre parálisis del sueño, un estado entre el sueño y la vigilia que produce alucinaciones desagradables. Nellie encontró su refugio particular en un matrimonio feliz, dejando atrás sus miedos para centrarse en el amor. Cuando el marido de Nellie murió, sus fantasmas volvieron porque se quedó sin refugio y ello provocó su muerte.
Los cinco hermanos huyen a su manera del miedo, y ello hace que éste no desaparezca, sino que se mantenga oculto pero presente. A todos ellos les afecta el terror pero hay un personaje antagónico al que afecta de una forma particular. Se trata de Liv, la madre.
La villana principal, Poppy, entra en contacto con Liv y poco a poco le inculca una idea en la cabeza. Le hace creer que su vida y la de sus hijos no es más que un sueño, concretamente una pesadilla, que todo el dolor y sufrimiento de ese mal sueño se soluciona despertándose y más importante, despertando a sus hijos de la pesadilla que están viviendo.
Flanagan (aunque no se si esto fue idea de la escritora de la novela) analiza las propiedades del miedo mediante la alegoría de los sueños. Obviando las manipulaciones de Poppy, el terror de Liv es que los hijos a los que ama tanto deban enfrentarse a un mundo cruel, lleno de sufrimiento y angustia. Ella sabe que les está matando, no piensa que les esté despertando, pero contempla la muerte como pura misericordia. Ese es el refugio de Liv, la muerte de sus hijos para evitarles el dolor que soportarán, y al igual que todos los refugios del resto de hermanos tiene la misma raíz: la cobardía.
“Fear is
the relinquishment of logic, the willing relinquishing of reasonable patterns.
We yield to it or we fight it, but we cannot meet it halfway.”
Liv muere y queda atrapada en Hill House porque cede al miedo y jamás se enfrenta a él. La huida final de la casa, aún sustentándose en un recurso narrativo pobre (el sacrificio del padre que no tiene ningún sentido), no supone la salvación de ellos. La verdadera victoria llega cuando se enfrentan a su pasado y descubren la herramienta para hacerlo:
“But so, it seems, is love. Love is the relinquishment of logic.”
Puede parecer cursi, de película Disney, pero
el mensaje de “The Haunting of Hill House” es simplemente el triunfo del amor
sobre el miedo. En uno de los últimos planos, Steve avanza hacia la entrada de
la casa dispuesto a abandonarla. Todos los fantasmas están a su espalda
mirándolo. Se detiene ante la puerta un instante, la abre y se marcha, sin
mirar atrás, dejando atrás todos sus miedos.
Todos los fantasmas de Hill House desaparecen de las vidas de Steve, Shirley, Theo y Luke porque se reconcilian con ellos mismos y su pasado. Steve vuelve con su mujer con la que rompió por culpa de su escepticismo, Shirley habla con su marido sobre la infidelidad, Theo tira a la basura sus guantes y se permite tener una relación afectiva con alguien y Luke encuentra el apoyo y fe que siempre necesitó para abandonar las drogas.
Más allá de los cuentos de miedo, “The Haunting of Hill House” merece la pena por su humanidad y belleza, que por muy simple que sea, es capaz de conectar con cualquiera que tenga tiempo para verla.
Nota: 8
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