“Tenet” es un palíndromo, una palabra que se lee de la misma forma tanto desde el principio como desde el final. Aún recuerdo cómo justo después de terminar de ver “Arrival” leí una crítica en la que comentaban la curiosidad de que la hija de la protagonista se llamara Hannah (otro palíndromo) y pensé en lo bien armada que estaba la historia, sin cabos sueltos, una tarea más importante si cabe en tramas que giran en torno a los viajes temporales. Si de algo puede presumir Nolan, es de haber rizado el rizo mucho más allá de lo que los cerebros fritos de sus espectadores puedan asimilar y haber triunfado, porque sí, Nolan ha alcanzado un nivel superior de complejidad con su última entrega, pero al contrario que “Arrival”, la elocuencia de la premisa engulle todo lo demás, dejando a la sala del cine fría y sobre todo, confusa.
Nolan es un buen director, destaca por sus montajes de ritmo frenético en momentos clave en los que entrelaza las distintas tramas que ha ido sembrando a lo largo de la película. No sufre con la acción y sabe darle el ritmo conveniente. El problema es que de las dos horas y pico que dura, la mayoría no pueden ser bombas y tiros de ametralladora (aunque le ponga empeño) y sufre inmensamente con las escenas más tranquilas, transformando cada interacción de personajes en la misma plantilla de sujetos exponiendo los hechos de manera pretenciosa y sarcástica. Los diálogos que se supone que deben ser enigmáticos son vacíos y cargados de soberbia. Más preocupante aún, no logro diferenciar cómo habla cada personaje porque todos lo hacen exactamente igual, lo cual dificulta mucho la labor de otorgarles una personalidad.
John David Washington, el protagonista, a pesar de tener las mejores líneas (que no es mucho decir) carece del carisma necesario para comerse la pantalla y empatizar con él, tiene una actuación verdaderamente pobre, falta de emoción en los momentos que la requerían y no acertando en el intento de humor ácido. Robert Pattinson, que es el mejor actor con diferencia, apenas es capaz de sacarme una sonrisa con su actitud bravucona porque todo lo que hace es escupir información a la pantalla. Elizabeth Debicki tan solo tiene un registro durante toda la película (sufrir y enfadarse) pero al menos cierran una especie de arco en torno a ella. Por último, Kenneth Branagh, el villano principal, acusa la falta de una motivación clara que lo convierte en un estereotipo andante que grita mucho con acento.
Eso sí, obviando todo lo negativo que pueda decirse de “Tenet”, la peor película que ha firmado Nolan hasta la fecha, es digno de admirar el monstruo narrativo que ha creado. No puedo ni concebir cómo una persona es capaz de imaginar algo así y cuadrar todos los detalles milimétricamente, está claro que la capacidad que tiene para construir historias no linealmente dota al británico de unas habilidades que sobrepasan a la mayoría de guionistas en la actualidad.
La pregunta que hay que hacerse con esta película es, ¿Tiene un guión malo o bueno? Y la respuesta es imposible darla sin asimilar del todo lo que ocurre en el largometraje.
ZONA SPOILER
El prólogo consiste en un atentado en la Ópera, donde se encuentra infiltrado John David Washington (el protagonista), perteneciente a la CIA. Su misión consiste en extraer a alguien del lugar. Durante la huida es ayudado por un misterioso hombre que mata al enemigo que previamente lo había interceptado, pero en lugar de dispararle una bala sucede el movimiento inverso (la bala va desde un agujero que había en la pared hasta la pistola de ese hombre). “El protagonista” es capturado y torturado, pero negándose a hablar logra tragarse una pastilla que tienen los agentes de la CIA para suicidarse y no revelar información. Fin del prólogo.
Desde este momento ya se pueden ver dos cosas, la sucesión de eventos es, narrativamente, muy confusa. Los cambios de plano son tan rápidos que muchas veces uno no es capaz de saber a quién está viendo en pantalla (teniendo en cuenta que muchos de ellos van uniformados y con máscaras). Sumado a ello, entra en juego la banda sonora, que no ha sido compuesta por Hans Zimmer como es ya costumbre, al estar ocupado con el remake de “Dune”, sino que corresponde a Ludwig Göransson, que pretende por todos los medios emular a su predecesor. En algunos aspectos lo logra (aparece el característico sonido abrumador de los instrumentos de viento) aunque en ocasiones la fuerza de la banda sonora se come los diálogos.
A partir de este momento se conoce que “el protagonista” ha superado una prueba a la que había sido sometido, la de sacrificarse, y que por tanto ha sido asignado una misión de la que solo le dan un nombre: “Tenet”.
¿Y qué es eso de Tenet? Se pregunta la audiencia expectante. Y la respuesta llega a los cinco minutos de la boca del doble de Marion Cotillard, eso sí, añadiéndole un punto de secretismo para nada necesario pero que supongo que enmascara el hecho de que te están hablando a ti directamente. Aun así, es cierto que es necesario explicar el concepto de inversión del tiempo para seguir con la historia, pero un buen guionista debe encontrar el método de hacerlo elegante y sugerentemente.
En “Tenet”, han hallado objetos con la entropía inversa, significando que son materiales que viajan al revés en el tiempo: una bala que vuela de la pared directa al cargador, un balón que vuela desde el fondo de la portería hasta la bota del futbolista, o el bolígrafo que recoge la tinta del papel… Todo ello es aplicable a objetos, personas y así sucesivamente.
La premisa de esta película es muy interesante, una idea que a priori puede no parecer muy complicada pero que se vuelve un verdadero rompecabezas con el paso de los eventos. Pero el mareo no comienza con los viajes temporales, ese barco zarpa incluso antes de la conclusión del primer acto.
Para llegar al villano, Andrei Sator (Kenneth Branagh), el protagonista primero analiza de dónde proceden los metales de las balas que está analizando la científica a la que ha ido a ver, después visita a la traficante de armas que vendió esas balas, localiza al comprador (Andrei Sator), se aproxima a la mujer del comprador con un dibujo que ella y su marido compraron hace años y que resultó ser una estafa, a su vez, la estafa supone que el marido tiene chantajeada a su mujer porque cree que ella tenía una aventura con el hombre que les vendió el dibujo y formaba parte de la estafa, John David Washington y su nuevo compañero (Robert Pattinson) se dirigen a Oslo para robar dicho dibujo y ayudar a la mujer para más tarde presentarse a Andrei Sator como un diplomático y en no dentro de poco le propondrá robar plutonio de un vehículo en marcha…
¿Disculpa? Me duele la cabeza tan solo de escribir este último párrafo. Cómo se supone que una persona en su sano juicio asimile todo lo que está ocurriendo en pantalla, si solo hay diálogo expositivo y todavía ni han empezado a viajar en el tiempo, ¡Qué pretendes Nolan!
Llegados a este punto, se aproxima el final del segundo acto. He de decir que me impresionaron todas las escenas que involucraron peleas entre personajes que avanzaban inversamente y los del presente hacia el futuro, muy difícil de rodar, más todavía de imaginar y escribir coherentemente. Ahora es cuando se destapa la motivación de Andrei Sator.
Resulta que en el futuro, se creará una tecnología capaz de cambiar la entropía del mundo entero. La científica que lo inventa es consciente del riesgo que entraña dicha creación y esconde su propio invento en el mejor lugar que se le ocurre: el pasado. Desde el futuro hay dos frentes: los que quieren que esa tecnología (lo llaman el algoritmo) siga escondida y viajando en el pasado y los que pretenden recuperarla y activarla para que la entropía del mundo cambié y así salvarse, porque en el futuro el cambio climático les tiene en jaque. Andrei Sator es contratado por los “villanos” del futuro, para que en el momento propicio muera, activando así una bomba que entierre el dispositivo, y de ese modo no sea recuperable hasta siglos después y ellos lo tengan a su disposición.
¿Cuál es la motivación de Andrei Sator? Absolutamente ninguna. Según ellos es hacer un pacto con la gente del futuro y le da igual porque se va a morir igualmente de un cáncer. Aún siendo capaz de hilar lo imposible, Cristopher Nolan fracasa en lo más esencial, una motivación clara para el villano.
El clímax final se sucede en el sitio en el que la bomba detonada enterraría el algoritmo. Realizan una pinza temporal (término acuñado en una de las numerosas situaciones en las que Nolan te sienta en su regazo y te explica lo idiota que eres mientras te acaricia el pelo en forma de militar dando instrucciones) atacando desde el futuro (el equipo que conoce lo que va a pasar y se lo adelanta al otro equipo) y desde el presente (los que evitan que el algoritmo quedé enterrado). En la batalla hay objetos y personas invertidas, por lo que se convierte en un espectáculo tan impresionante como caótico. Mejor construido que el prólogo, sigue siendo demasiado para captar todos los detalles que, desafortunadamente, son necesarios para comprender todo el argumento.
Al final detonan la bomba y obtienen el algoritmo, el cual esconderán de nuevo para evitar el peligro proveniente del futuro. En un nuevo giro argumental, Robert Pattinson revela a John David Washington que toda la operación, desde su misión en la Ópera, ha sido una pinza temporal a su alrededor para asegurarse de que hiciese todo lo que debía para salvar el mundo. Él mismo contrató a Robert Pattinson y organizó todo desde el futuro. Dicho esto, mientras escuchabas esta revelación, o bien podías encogerte de hombros y mirar alrededor con cara de “Creo que lo he entendido” o darte una palmada en la espalda porque te has enterado la tercera o cuarta vez que la has visto.
“Tenet” es tan endiabladamente enrevesada que merece la pena, pero tiene tantos fallos en la ejecución que uno no puede evitar sentir lástima por el desperdicio que supone convertir la magia de los conceptos que se trabajan en una avalancha que destruye todo lo que hay a su paso. Cristopher Nolan erigió una pirámide para enterrarse en ella, que pena que paguemos una entrada para ver una película y no una tumba.
Nota: 6,5

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