La película 1917 de Sam Mendes se ha ganado los elogios tanto del público como de la crítica profesional, irrumpiendo súbitamente en todas las galas de premios y obteniendo galardones como el de ‘Mejor Película’ en los Globos de Oro, a pesar de ser una cinta estrenada tardíamente en 2019. Al margen de su calidad, uno de los aspectos más comentados fue el uso de una toma continua (Dos en realidad al haber un corte muy marcado en el ecuador) que hasta ahora yo solo había visto en planos secuencia que no habían durado más de cinco minutos. La inmersión que esta técnica de dirección causó en mí fue tal que me dispuse a ver otros filmes que lo usaran para comprobar si era particular de 1917 o si la ausencia de cortes lograba el efecto que tanto me impresionó en el cine. Aquí es donde aparece Birdman, la obra de Alejandro González Iñárritu que ganó el Óscar a mejor película y mejor director entre otros.
Francamente, la respuesta a mi duda fue un no rotundo, en Birdman no se justifica este estilo de dirección y se antoja un recurso vacío, desprovisto de coherencia con la historia narrada más allá de buscar similitudes entre la película y el teatro, ya que si consideramos un corte como cerrar el telón ambas no lo hacen hasta el verdadero final. Pero donde buscaba filigranas audiovisuales hallé una buena historia, más que buena, que me sorprendió por su originalidad y amplia colección de temas en una, no tan mordaz, crítica al cine blockbuster,
Desde el inicio se presenta al protagonista, Riggan Thompson, levitando en su habitación mientras su propia voz en tono grave le recrimina las precarias condiciones en la que se encuentra. El personaje que encarna Michael Keaton, es un actor que obtuvo la fama a raíz de su papel en Birdman, pero que se convierte en una vieja gloria que actualmente dirige una obra de teatro en Broadway tratando de mantenerse relevante y a la vez probar su talento. El uso de la fantasía, siempre envolviendo la figura de Riggan, denota la ligera falta de cordura del personaje, atormentado y sabedor de que su éxito no constituye un auténtico valor para el mundo del arte al que tan fervientemente se aferra. Aún así, irónicamente dicha fantasía sirve también para dotar a Birdman de una frescura que la aleja de un mero ataque al cine comercial. Se trata de una crítica encubierta, Iñárritu por un lado señala el vacío existente en las cintas de superhéroes o de acción, que alardean de efectos especiales y violencia gratuita en detrimento de una narrativa coherente o interesante; pero por otro, es consciente de la condescendencia con la que se juzga a ciertos géneros, solo por el hecho de gustar al público general. Esta idea está muy presente en la confrontación que mantienen la crítica Tabitha Dickinson (Lindsay Duncan) y Riggan Thompson. Ella muestra su predisposición a masacrar una obra que ni siquiera ha visto, solo por el hecho de que desprecia el trabajo realizado por una celebridad de Hollywood mientras que él, frustrado, arremete contra el trabajode los críticos, personas que analizan fríamente cualquier pieza de arte, despojándolas de cualquier vestigio de intencionalidad, esfuerzo o visión única del autor. El crítico, en una labor sencilla que no requiere ningún mérito más allá de los conocimientos académicos, muy lejanos al sufrimiento del artista, jamás se detiene a pensar en la gravedad de sus juicios baratos, en la crueldad que supone despellejar el duro trabajo de quienes tratan de crear algo meritorio.

Me gustaría resaltar también el excelente trabajo de Edward Norton en el papel de Mike, el actor de método que trabaja en la función. Es la antítesis de Riggan, un hombre entregado al mundo ficticio que se implica de tal forma que sacrifica su verdadera presencia. Contiene una idea que gira alrededor de todos los que actúan, la calidad conlleva una pérdida del uso de la razón, se necesita la inestabilidad emocional o no se logra. Riggan escribe diálogos vacíos y regala interpretaciones mediocres porque finge, no empatiza con las emociones que intenta transmitir y el espectador percibe la superficialidad, al menos hasta que transcurre el último acto.
Antes de hablar de ello, quisiera mencionar el rol de la figura de Birdman. A lo largo de la historia, Birdman (digamos que es el alter ego de Thompson) insta a Riggan a abandonar su empresa, a volver al mundo célebre, donde todo el mundo le adora y las masas consumen su producto en cantidades industriales. Existe una clara diferencia entre lo que el personaje quiere y lo que cree que quiere. Él cree que su agonía cesará en el momento en que se demuestre a sí mismo que más allá de su pasado, es capaz de crear valor artístico. Lo cierto es, y las insinuaciones de Birdman lo confirman, que el único deseo de Riggan es obtener la aprobación de los que se postulan como eruditos del séptimo arte, los únicos que se han resistido a su trayectoria de éxito. Birdman es un personaje ficticio que vuela, una forma metafórica de mostrar el anhelo de estar por encima de los demás; la cruz de Riggan es que le consume su propio ego y lo ha enmascarado con un objetivo tan loable como falso.
--- SPOILERS ---
En su última función, cambia su pistola de Atrezzo por una real y se vuela la cara. Se produce un breve silencio en la sala y tras él, el público comienza a aplaudir y vitorear. Este momento es maravilloso. No solo se combina la ironía de cómo los espectadores creen que es el final planeado y que nada le ha ocurrido al actor, sino que se confirma el placer barato que surge del exceso, por ello no se nos enfoca a Riggan y sí al público enérgico.
En la escena final, tendido sobre una cama de hospital y con la cara destrozada (curiosamente asemejada al pico de un pájaro), Riggan Thompson haya la victoria que buscaba mientras los periodistas se agolpan junto a la puerta para obtener una palabra del hombre del momento. Cuando salta por la ventana y su hija mira abajo hacia la calle con cara de preocupación no ve nada, solo para levantar la vista y sonreír. Es la primera vez en toda la película en la que el surrealismo afecta a otro personaje más allá del principal. Riggan muere, murió en su último espectáculo, pero Birdman no, Birdman vuela.
La mayor pega que le pueda encontrar a esta cinta, que cuenta con innumerables toques de genialidad que no he mencionado, sería la falta de sutileza en muchos de los diálogos. Existen momentos en los que el director peca de pretencioso tratando de elevar su obra un escalón más, limitando la participación activa de la audiencia. Aún así, Birdman es magnífica y merece todas las alabanzas que recibe.


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